
Si uno se aburre viendo una de Miyazaki, hay que ponerse a mirar el fondo de las escenas: tienen tanto detalle que siempre hay algo que mirar. Claro que ¡¡¡cómo te vas a aburrir mirando una Miyazaki!!! Como mucho te puede pasar que te duermes un poco hacia el final, pero eso fue culpa de la tremenda lasaña que cenamos y no de la película. Entonces, ¡oh, qué drama!, tendré que ver de vuelta la parte final. ¡Qué suplicio!


