No suelo explicar los argumentos de las películas porque, bueno, para eso ya está imdb, a mi me da pereza. Voy a hacer una excepción con Brigadoon porque es tan ridículo que vale la pena:
Gene Kelly y otro newyorker se van a Escocia a cazar, a despejar esas mentes citadinas. Se pierden y terminan en un pueblito que no figura en ningún mapa: Brigadoon.
Hay algo raro en el lugar, una sospecha que Gene confirma cuando ve la fecha inscripta en una biblia de la boda que va a tener lugar ese mismo día: 1750 (aproximadamente).
Brigadoon está detenido en el tiempo desde hace 200 años y sólo vuelve a la vida una vez por siglo. Un día para Brigadoon, un siglo para el resto del mundo.
El problema es que Gene se enamora de una muchacha del pueblo y, ¿ahora qué hacemos?
Todo esto con muchas canciones y bailes escoceses.
Y así y todo, con este argumento tan disparatado, hay algo en Brigadoon que me llegó al corazón.
En particular, una escena del final, cuando Gene y su amigo vuelven a NY y se sienten tristes y agobiados por la vida frívola y vacía de la ciudad y sueñan con el retorno a Brigadoon.